La Corte Suprema de Estados Unidos ha frenado el intento del Poder Ejecutivo de poner fin unilateralmente al antiguo principio estadounidense de que casi todas las personas nacidas en suelo estadounidense son ciudadanas.
En un fallo que la mayoria de los juristas esperaba que fuera unánime pero que fue con apenas 6 votos a 3, el tribunal evitó una crisis en la que más de 250,000 niños cada año habrían nacido en los EE. UU. sin ciudadanía, y muchos de ellos serían apátridas.
La decisión ratificó, aunque por muy poco, un ideal estadounidense: que cualquier persona nacida en este país tiene el mismo derecho a su ciudadanía y a los privilegios que esta conlleva, fomentando una cultura de asimilación y una sociedad multirracial.
De este modo se anuló la orden ejecutiva del Presidente Trump, emitida inmediatamente después de asumir el cargo el año pasado, que negaba la ciudadanía a los hijos de padres que se estuvieran en el país con visas temporales tales como visas de trabajo, visas de estudiante o visas de turismo, visas de inversionistas de tratado, etc, o que estuvieran en el país ilegalmente. Solamente cinco magistrados coincidieron en que era inconstitucional. El juez Brett Kavanaugh, en una opinión concurrente, escribió que la orden iba en contra de la ley federal, pero en su opinión, no violaba la 14ª enmienda de la Constitución, la cual garantiza la igualdad de derechos civiles y legales, y otorga la ciudadanía a "todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos", incluyendo a las personas esclavizadas en el pasado tras la Guerra Civil estadounidense.

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